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“A mi voz, la que sabe:

Llevas conviviendo conmigo mucho más de lo que yo pensaba y has sido un gran apoyo cuando era más pequeña, como una guía, un padre/madre o una amiga. Quien más me ha escuchado y más me ha empujado a hacer las cosas bien y a sacar mi potencial. Quien me ha reñido y me ha aplaudido. Fuiste realmente buena y necesaria para mí y por ello te doy las gracias.

Ahora bien, creo que ya soy mayor y que he aprendido lo suficiente para poder seguir yo sola, ya no te siento como una ayuda sino como un peso y un reproche constante que no puedo aguantar. Por eso creo, que es mejor que te vayas, porque ya cumpliste tu función y muy bien, pero ahora estas suponiendo todo lo contrario.

He decidido dejarte ir porque tengo la tranquilidad de que ahora sabré hacer yo sola el camino y aunque en parte, te voy a echar de menos, pero no puedo volver a dejarte entrar…

Has sido como los manguitos que me hacían flotar en la piscina, cumplías tu función y de maravilla, nos llevábamos bien. Pero ahora necesito nadar, ya no solo floto y has pasado a ser un estorbo.

Por eso, ante todo te agradezco haberme ayudado a flotar todos estos años, pero ha llegado el momento de quitarme los manguitos y aprender a nadar yo sola sin miedo a hundirme.

Agradecida,

Adiós para siempre. ”

R.

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